lunes, 28 de diciembre de 2015

“En aquellos días sucedió que, crecido ya Moisés, salió a visitar a sus hermanos. Los vio en sus duras tareas, y observó a un egipcio que golpeaba a uno de sus hermanos hebreos. Entonces miró a todas partes, y viendo que no había nadie, mató al egipcio y lo escondió en la arena” Éxodo 2:11-12.

A esta altura Moisés tiene cuarenta años de edad, y por unos treinta y cinco fue educado en la corte real egipcia con los mejores profesores y asesores del imperio. El texto nos dice “él salió a visitar a su hermanos hebreos”, de manera que Moisés sabía que era hebreo y que el pueblo oprimido era su pueblo. Las décadas de educación y formación egipcia no lograron diluir su identidad hebrea. Cuan importante es esto, mantener nuestra identidad como pueblo de Dios por encima del entorno en el que nos encontremos, pues somos “real sacerdocio, nación santa, linaje escogido para anunciar las virtudes de nuestro Dios”.

En éste escenario Moisés (quien “era poderoso en palabras y obras”) era testigo del maltrato de un egipcio a un hebreo e impulsado por su ira y deseos de justicia propia, habiendo observado que no había testigos, se lanza contra el egipcio y lo mata. Creo que como Moisés, muchas veces nosotros impulsados por la ira u otras pasiones, hemos actuado loca y apresuradamente, provocándonos un profundo daño y lastimando a otros. Acto seguido, cual Moisés que esconde el cuerpo en la arena, queremos justificar, cubrir o esconder nuestras acciones.


La verdad es que en nuestra mente hay muchos conceptos bíblicos, de tal manera que podemos tener extensas y variadas conversaciones teológicas, sin embargo, observamos que buen número de veces, nuestra vida diaria no se ajusta a ese conocimiento teológico, por qué? Porque requerimos más que un saber, esto es, revelación de Dios, su temor en nuestro corazón y una relación consciente, sincera y constante con él.

Moisés pensaba que sus hermanos hebreos habían comprendido ya, que él era el libertador (Hch. 7:25), pero ellos no lo habían entendido así. Seguramente en sus primeros años antes que su madre lo entregará a la hija de faraón, Moisés fue instruido y había asimilado la razón de su vida: sería el libertador de Israel. Pero Moisés como nosotros tenía que aprender a caminar en los tiempos de Dios y entender que la obra del Señor no se hace “ni con fuerza, ni con ejercito, sino con el Santo Espíritu de Dios”. 

Ante éste error y fracaso (el homicidio), Moisés huye y vive como extranjero en la tierra de Madián, éste nombre Madiàn significa: disputa, y revela la condición del corazón de Moisés, luchaba con su llamado, con su futuro, con lo que acababa de hacer. Pero Dios estaba al tanto de lo que estaba pasando, y sabía lo que había de hacer, visitaría a Moisés, lo llamaría, y restaurado lo enviaría a cumplir con aquel plan para el cual había nacido.                           


Reflexión final: Es fundamental que nos acerquemos cada vez más a Dios, y procurar conocerle más allá de un saber bíblico y escrito. Perseverar a pesar de los errores y tropiezos, y en ese espacio de encuentro con Dios, él nos guiará al cumplimento de aquello para lo cual fuimos diseñados, y es esto lo que produce en nosotros un gozo altísimo, gozo incomprendido por el mundo, pues su naturaleza es celestial, y nada iguala la plenitud que se experimenta cuando hacemos aquello para lo cual Dios nos creó.        

Escrito por Gonzalo Sanabria para Estudios y sermones. Autorizado para ser publicado en Mensajes y sermones para predicar

Te invitamos a leer: "LA RENOVACIÓN DEL ÁGUILA".  

jueves, 24 de diciembre de 2015

Introducción: Es interesante ver que en el Antiguo Testamento antes de ejercer su oficio el rey era ungido, el profeta y el sacerdote también. Desempeñar un servicio eficaz y que glorifique a Dios requiere la unción del Espíritu Santo. Por eso antes de impactar el mundo conocido Jesús dijo a sus discípulos: “Recibiréis poder cuando venga sobre vosotros el Espíritu Santo y me seréis testigos”. También nos recuerda la Biblia: “En todo tiempo sean blancos tus vestidos, y nunca falte ungüento sobre tu cabeza”. La unción de Dios te hace eficaz para desarrollar una tarea sobrenatural que honre Su nombre…     


UNGIDOS POR DIOS

La unción capacitó a Bezaleel y Aholiab para hacer una obra única (el tabernáculo en el desierto), los otros podían ayudar pero ninguno podía hacer lo que ellos hacían. La unción o poder de Dios nos hace más efectivos en el llamado o servicio. Vemos el resultado de un trabajo ungido y donde todos se complementaron, pues sirvieron a Dios desde los dones que cada uno había recibido, ellos construyeron un hermoso tabernáculo que glorificó a Dios. Tengamos en cuenta que fue construido en el desierto, lo que nos recuerda que cuando tenemos el respaldo de Dios podemos hacer su voluntad a pesar de los obstáculos o adversidades.

La unción es la esencia del poder del Espíritu Santo manifiesto sobre una persona.

Cuando el Señor Jesús se presenta en la sinagoga de Nazaret, iniciando su ministerio, lo hace enseñando el pasaje del profeta Isaías: “el Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para…”. También dice en Hechos 10: “Como Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret…”, es el Espíritu Santo quien nos equipa y capacita para llevar a cabo el plan de Dios en nuestra vida. Es un equipamiento sobrenatural para servir al Señor eficazmente, no es para la gloria de los hombres.  

Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios” Hechos 4:31.

Es muy interesante tener en cuenta que el Espíritu Santo ya se había derramado en el capítulo dos de Hechos y vuelve a ocurrir en el capítulo 4:31, lo que nos recuerda varias cosas: Dios quiere darnos más de su Espíritu, la renovación es necesaria e importante, no podemos detenernos con una sola experiencia con Dios debemos buscarlo continuamente, él nos da más de Su poder para que llevemos Su palabra. Permite que como buen pastor el Señor unja tu cabeza y te llene de su poder.   

“Dios multiplica tus fuerzas como las del búfalo y te unge con aceite fresco”

Conclusión: La unción del Espíritu Santo es una bendición de Dios para sus hijos, él desea que estemos equipados con Su poder para avanzar hacia Su plan sin temor ni desanimo, avancemos en el nombre del Señor ungidos por Dios.

Estos son apartes o fragmentos de nuestro nuevo libro, puedes adquirirlo en: “EL LENGUAJE DEL ESPÍRITU SANTO”.

Escrito por Gonzalo Sanabria para Estudios y sermones. Autorizado para ser publicado en Mensajes y sermones para predicar


lunes, 21 de diciembre de 2015

“Un hombre de la familia de Leví fue y tomó por mujer a una hija de Leví, la que concibió y dio a luz un hijo, al ver que era hermoso, lo tuvo escondido durante tres meses” Éxodo 2:1-2.
Es muy importante tener en cuenta que el faraón había decretado que todo hijo de los hebreos que naciera debía morir, él había dicho: “Echad al río a todo hijo que nazca”. Observamos aquí una constante tarea del reino de las tinieblas: destruir las nuevas generaciones que servirán a Dios; lo vemos aquí en éxodo 1 y en Mateo 2, cuando Herodes mandó a matar a todos los niños menores de dos años en Belén y sus alrededores. Las estrategias del reino de las tinieblas son variadas, multiformes y crueles, y todo esto se convierte en un desafío para los padres de hoy, pues en todo éste marco, debemos enseñar a nuestros hijos el consejo de Dios.  

Es interesante que los padres de Moisés pertenecieran a la tribu de Leví, la que más adelante se convertiría en la tribu sacerdotal. Vale la pena destacar aquí que cuando una pareja se va a casar, debe existir unidad en cuanto a la fe, visión ministerial, pasión por Dios, pues la ausencia de estos elementos producirá grandes dificultades. Los nombres de los padres de Moisés: Amram y Jocabed, que significan gente exaltada y Jehová es gloria respectivamente, nos dejan ver la piedad y fe de los abuelos de Moisés, a pesar del yugo de esclavitud egipcia (hablamos entonces de tres generaciones de fe, ejemplo que debemos imitar).  

Los padres de Moisés experimentan una mezcla de emociones, por un lado felicidad, pues iba a nacer un nuevo hijo, y por otra lado miedo, ante el mortal decreto de faraón. El texto de hoy, destaca que ellos “le vieron hermoso”, sin embargo debemos reconocer que para todos los padres sus hijos son hermosos. Entonces podemos concluir que ellos pudieron ver algo más en Moisés, pudieron vislumbrar el plan de Dios con él. 

La carta a los Hebreos destaca la fe de los padres de Moisés, “por la fe Moisés, cuando nació, fue escondido por sus padres… porque lo vieron niño hermoso y no temieron el decreto del rey” (Heb. 11:23), fueron tres meses difíciles donde protegieron al bebe. Al considerar cómo planearon la arquilla, el encuentro con la hija de faraón en el río, y cómo la propia madre de Moisés se convierte en nodriza de éste por orden de la hija de faraón, quien le pagaría por sus servicios, vemos que actuaron con inteligencia espiritual y Dios fue entonces propicio. 

Él bebe fue llamado Moisés, que significa: salvado de las aguas ¡El lugar que según faraón era el lugar de muerte, Dios lo usó como lugar de vida! Como padres debemos proteger y cubrir a nuestros hijos con oración, sabiduría e instrucción divina, y por supuesto, con el mejor sermón: un ejemplo piadoso en casa. Sí hacemos esto, Dios hará el resto en nuestros hijos.                  
Reflexión final: Nuestra fe en Dios se expresa mediante actos coherentes en nuestra vida diaria, y es fortalecida en la comunión íntima con él. La fe nos lleva a vencer la adversidad y los miedos, nos conduce a la victoria en Cristo. ¡Dios gracias por conducirnos a tu propósito!

Escrito por Gonzalo Sanabria para Estudios y sermones. Autorizado para ser publicado en Mensajes y sermones para predicar


miércoles, 16 de diciembre de 2015

DESCARGA GRATIS EL LIBRO: LA GUERRA ESPIRITUAL (Prepárate para vencer en la batalla espiritual)

Los evangelios nos describen la intensa lucha que el Señor Jesucristo mantuvo contra los espíritus inmundos mientras estuvo en la tierra. El Señor echaba fuera los demonios, rompía las cadenas de aflicción y las ataduras que atormentaban a las personas que por años habían sufrido bajo la opresión de las tinieblas. Las Sagradas Escrituras nos enseñan: “Para esto apareció el Hijo de Dios para deshacer las obras del diablo”. 

Cuando el Señor Jesús resucitó delegó en su iglesia el poder y la autoridad por el Espíritu Santo para caminar en victoria, por eso es fundamental prepararnos y conocer la naturaleza, obra, estrategias y equipamiento en Cristo para la guerra espiritual, pues Dios nos ha llamado a caminar en victoria para la gloria de Su nombre. Nuestro libro: “LA GUERRA ESPIRITUAL” expone y enseña principios, verdades, estrategias y armas con las que Dios ha equipado a Su iglesia para avanzar en victoria contra los poderes de las tinieblas. A continuación instrucciones para descargar gratis éste libro:  
      
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Escrito por Gonzalo Sanabria para Estudios y sermones. Autorizado para ser publicado en Mensajes y sermones para predicar


lunes, 14 de diciembre de 2015

“Pero cuanto más los oprimían, tanto más se multiplicaban y crecían, de manera que los egipcios temían a los hijos de Israel”, Éx. 1:12. 

Para esta época, José había muerto y se levantó un nuevo rey en Egipto que no conoció a José. El pueblo de Israel se había multiplicado y eran numerosos y fuertes en extremo. El rey egipcio planeó someterlos a trabajos pesados, edificando ciudades. Sin embargo “cuanto más los oprimían, tanto más se multiplicaban”, ésta misma situación la podemos ver en varios momentos de la historia del pueblo de Dios (por ej: durante los tres primeros siglos la iglesia cristiana, fue intensamente perseguida, sin embargo logró impactar el mundo conocido). Podemos concluir entonces que a mayor persecución, mayor crecimiento y multiplicación.

La Escritura también nos enseña: “Si sois vituperados por el nombre de Cristo, sois bienaventurados, porque el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre vosotros” (1 Ped. 4:14), y esto lo vemos por ejemplo, cuando la iglesia del primer siglo fue perseguida, pues la unción de Dios que vino a reposar sobre la iglesia y sobre sus líderes era mayor, manifestándose en milagros, maravillas y señales sobrenaturales. Es por esto entonces, que debemos gozarnos y prepararnos para las bendiciones del cielo y un mayor respaldo de Dios, cuando seamos calumniados, obstaculizados o cuestionados por hacer la voluntad del Señor.

La frase “de manera que los egipcios temían a los hijos de Israel”, nos señala que el respaldo sobrenatural de Dios sobre su pueblo, generaba temor en los corazones egipcios (pues el pueblo hebreo se multiplicaba de manera exponencial, a pesar de las estrategias del rey egipcio). Vemos, entonces la mano de Dios actuando poderosamente para cumplir lo que había dicho: “no temas descender a Egipto, porque allí haré de ti una gran nación” (Gén. 46.3). De algo debemos estar seguros y confiados: Dios cumple sus promesas, aunque el enemigo procure con sus estrategias detener el plan del Señor. Dios hará su voluntad a pesar de todo.

El temor en el corazón de los egipcios se expresaba a través de acciones específicas, como: persecución, trato con dureza, opresión y limitaciones al crecimiento del pueblo hebreo. Muchas veces el trato severo y la actitud soberbia no es otra cosa que un escudo de defensa, que procura esconder el miedo.

Reflexión final: Los planes de Dios con sus hijos son grandes y magníficos. Sin embargo el enemigo del pueblo de Dios intentará por diversos medios estorbar los propósitos del cielo, pero Dios moverá su mano a nuestro favor, pues finalmente lo que él se ha propuesto se cumplirá, el Señor siempre cumple lo que ha dicho, finalmente sus planes prevalecerán. Por eso, avanza, camina, no te desalientes, sólo sigue a Aquel que sabe el camino que te lleva al plan divino diseñado en el cielo para ti.

sábado, 12 de diciembre de 2015

La bendición de Dios está sobre ti
Y respondió José a su padre: Son mis hijos, que Dios me ha dado aquí. Y él dijo: Acércalos ahora a mí, y los bendeciré”. Gén. 48:9.

Que hermoso cuadro: Jacob en su vejez, José su hijo, Efraín y Manasés sus nietos. Vemos aquí tres generaciones, al leer la Biblia vemos que Dios es un Dios de generaciones, por ejemplo a Moisés Dios dijo: Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob”. Dios desea que nosotros lo sigamos, y también todos nuestros descendientes. La Escritura nos dice muchas cosas de los hijos, veamos algunas por ejemplo:

1. “He aquí, herencia de Jehová son los hijos; Cosa de estima el fruto del vientre” (Sal. 127:3).
2. “Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas… y vuestros jóvenes verán visiones” (Joel 2:28).
3. “Instruye a tu hijo, y te dará descanso, y dará alegría a tu alma” (Prov. 29:17).
          
En el texto de hoy, José dice: “son mis hijos que Dios me ha dado aquí”. Ni siquiera en broma debemos poner en duda quienes son nuestros hijos, y expresarlo delante de ellos y de otros es muy importante, pues su identidad es afirmada. José reconoce que son un don del cielo, que Dios se los ha dado y honra al Señor declarándolo. Concluimos entonces que los hijos no son un problema, ni un obstáculo, sino una bendición de Dios, a través de la cual Dios quiere perpetuar su Nombre.   


Por supuesto, a veces en su proceso de formación, se originan dificultades, que requieren la sabiduría de Dios en los padres. Dios nos encomienda instruirlos en Su camino, conducirlos hacía el propósito divino, y para lograr esto, definitivamente tenemos que hacer equipo con Dios, pues el desafío es grande. Qué bueno que Dios es Padre, Jesús es Hijo, y el Espíritu Santo está con nosotros para ayudarnos. 


Jacob como patriarca y líder de la familia, impone sobre Efraín y Manasés sus manos y abre sus labios para bendecirlos, declara palabras de bendición, de multiplicación, crecimiento y devoción a Dios. Esto debemos hacerlo con nuestros hijos, orar por ellos, ministrarlos y profetizar palabras de bendición sobre sus vidas, pues los padres tienen la autoridad de Dios sobre sus hijos para hacerlo. 

Si en el pasado hubo palabras de maldición sobre los hijos, pues ahora en Cristo, es el tiempo de cancelar esas palabras ociosas y declarar palabras de bendición y victoria sobre ellos.   

Reflexión final: Dios diseñó la familia, el matrimonio y la continuación de la vida a través de los hijos. Son ellos para nosotros un regalo de Dios, que debemos cuidar y formar con responsabilidad ante los ojos de Dios, animándolos y guiándolos al propósito divino, conscientes de que somos un modelo de vida para ellos. 

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