Así Jesús reparó lo que el hombre había dañado; incluso lo que hoy vivimos es sólo una parte de la plenitud que viviremos en la presencia de Dios eternamente.
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jueves, 13 de febrero de 2020
(Jesucristo tiene el poder
para restaurar lo que ha sido dañado). Introducción: Aún en tiempos del Señor Jesús
la Biblia nos habla de una secta llamada “los saduceos”, estos negaban la
resurrección, la existencia de los ángeles, y daban gran valor a las riquezas
terrenales. Estas doctrinas confundían al pueblo y los alejaban de la verdad de
Dios.
Teniendo esto en cuenta
podemos ver cuán antiguas son las sectas, son herramientas del reino de las
tinieblas para apartar a los hombres del verdadero camino. Dios envió a su Hijo
para salvarnos y para guiarnos por el camino verdadero, por eso Jesús dijo: Yo
soy el camino, la verdad y la vida. Consideremos ahora este importante estudio:
Jesucristo tiene el poder para
restaurar lo que ha sido dañado.
La Biblia nos enseña que el camino al Edén fue cerrado, por causa del pecado
del hombre. Nos dice Génesis 3:22-24
“Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo
el bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y tome también del árbol
de la vida, y coma, y viva para siempre. Y lo sacó Jehová del huerto del Edén,
para que labrase la tierra de que fue tomado. Echó, pues, fuera al hombre, y puso
al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía
por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida”.
1) En primer lugar debemos
observar que Dios creó al hombre rodeado de bendiciones y privilegios, las
mejores cosas estaban presentes en el Edén, pero lo más valioso e importante
era que “la voz de Jehová Dios se paseaba en el huerto al aire del día”.
Adán y Eva disfrutaban la presencia de Dios y la comunicación con él era
perfecta y fluida. Lo maravilloso del Edén no era su belleza y perfección, sino
que allí estaba la presencia de Dios.
2) En segundo lugar podemos
ver que lamentablemente Adán y Eva desobedecieron y esto provocó su expulsión
del Edén, y fue por el bien de ellos mismos, pues Dios dijo: “ahora saben el
bien y el mal, que no alarguen su mano y tomen del árbol de la vida y vivan
para siempre”, pues esto haría que fueran eternamente pecadores. La humanidad estaría
eternamente condenada a vivir bajo el pecado.
Además nos enseña la
palabra de Dios en el versículo veinticuatro que el Señor puso querubines y una
espada encendida que se revolvía por todo lados, para guardar el camino del
árbol de la vida. Nadie más podía volver a entrar a este maravilloso lugar. Gracias a Dios siempre hay esperanza en él
3) Y en tercer lugar vemos también
que no se perdieron solamente las bendiciones y privilegios que allí tenía el
ser humano, la mayor pérdida fue la relación que Adán y Eva tenían con Dios. Ya
no podían ir a la presencia del Señor como antes, ni disfrutarían el privilegio
de escuchar su voz. Ahora el pecado gobernaría sus vidas trayendo aflicción y
fracaso.
Pero la misma Escritura nos enseña que en su amor y en el tiempo perfecto
Dios envió a su Hijo Jesucristo a morir por nuestros pecados, y él nos abrió un
camino nuevo y vivo por el cual podemos entrar en la presencia de Dios.
Así Jesús reparó lo que el hombre había dañado; incluso lo que hoy vivimos es sólo una parte de la plenitud que viviremos en la presencia de Dios eternamente.
Así Jesús reparó lo que el hombre había dañado; incluso lo que hoy vivimos es sólo una parte de la plenitud que viviremos en la presencia de Dios eternamente.
Te invito a leer:
Escrito por Pastor Gonzalo Sanabria.
- Jesucristo tiene el poder para restaurar lo que ha sido dañado -
jueves, 12 de noviembre de 2015
9:24
Pastor Gonzalo Sanabria
dañado, Dios, fue, Jesús, puede, repara, restaura, restaurar
13 comments
“Pero Esaú corrió al encuentro de su hermano Jacob y le abrazó, y se echó sobre su cuello, y le besó; y lloraron”.Gén. 33:4.
Jacob había huido de su tierra natal porque su hermano Esaú pensaba matarlo, por haber usurpado su lugar y recibir de su padre Isaac la bendición. Habían pasado ya unos veinte años, y durante todo ese tiempo no vio a sus padres, estuvo lejos de sus amigos y perdió la amistad con su hermano.
Por dirección del Señor y con su propia familia, vuelve de regreso a su tierra, pero su corazón está inundado de temor (Creo que por 20 años luchó contra aquel miedo, cuando pensaba en su familia y en su tierra). Su hermano Esaú viene a su encuentro, con cuatrocientos hombres, y el temor de Jacob lo lleva a planear una estrategia para salvar su vida, y por eso envía a su familia delante de él con muchos regalos para apaciguar la ira de su hermano. Pero, la reacción de Esaú no fue de venganza, ni rencorosa, él salió corriendo a abrazar a su hermano Jacob (¿Cuántas veces el miedo nos hace imaginar momentos dolorosos y trágicos, o nos lleva a planear estrategias innecesarias y vergonzosas?).
Es interesante que “los dos lloraron”, esas lágrimas expresan el resultado de una labor divina en sus corazones, Dios había trabajado con Jacob (pues a pesar de sus miedos, había regresado) y con Esaú (pues ya no tenía en mente matar a su hermano). Hay circunstancias de nuestro pasado que por estar ligadas al dolor no quisiéramos recordar o tener que enfrentar de nuevo, es aquí donde nuestro Sanador, Jesucristo el Señor, manifiesta su poder y amor, conduciendo al ser humano al genuino perdón.
Cuando logramos perdonar a los demás sus ofensas y pedir perdón a quien hemos herido, nuestro corazón experimenta sanidad y liberación (recordemos que la palabra griega para perdonar, apolúo, significa además: poner en libertad, soltar).
Cuando el árbol de la amargura logra penetrar con sus raíces nuestro corazón, éstas consumen la vida, fuerza y gozo del ser humano. La vida se torna caótica, difícil, oscura, triste, y lamentablemente éste árbol comienza a exhibir sus amargos frutos, transmitiendo (con el estilo de vida y palabras) su mortal semilla en otros corazones.
Pero el perdón no sólo trae sanidad y libertad, sino que nos permite crecer y permanecer firmes en ésta salvación tan grande, pues Jesús dijo: “perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas. Porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará”.
Reflexión final: Por supuesto, generalmente el ejercicio del perdón va acompañado de un grado de dificultad, precisamente por el dolor causado, pero Dios está con nosotros para ayudarnos en ésta decisión y en éste estilo de vida, al que somos llamados para bendición de todos.
Escrito por Gonzalo Sanabria para Estudios y sermones. Autorizado para ser publicado en Mensajes y sermones para predicar.
Te invitamos a leer: "PODEROSO ES DIOS PARA TRANSFORMAR TODAS LAS COSAS".
de14
sábado, 16 de mayo de 2015
14:26
Pastor Gonzalo Sanabria
dañado, Dios, Jesús, perdido, recupera, restaura, Señor
No comments
Introducción:
Cuando experimentamos una caída o fracaso, o de repente aparece una gran crisis
familiar, podemos pensar que todo va a terminar, que ese es el fin o que no hay
solución posible. Nos sentimos impotentes ante los grandes problemas, o
concluimos que ya no hay ninguna otra oportunidad. Pero la Biblia nos enseña
que el Señor puede transformar y restaurar todas las cosas, Dios recupera lo
perdido pues él es Todopoderoso…
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