viernes, 19 de agosto de 2016

La Biblia nos enseña: “Vino palabra de Jehová a Jonás… diciendo: Levántate y vé a Nínive, aquella gran ciudad, y pregona contra ella… y Jonás se levantó para huir de la presencia de Jehová a la región de Tarsis… pagando su pasaje” Jonás 1:1-3.

Que gran privilegio es escuchar la voz de Dios y que bueno es saber que el Señor habla y sigue hablando a sus hijos. El Espíritu Santo ha venido a morar en los hijos de Dios y mediante Su testimonio da a conocer la voluntad del Señor, y éste mensaje es percibido en nuestro interior y es una razón para gozarnos. Pero el profeta experimenta una lucha entre sus deseos y la voluntad de Dios.

Pro lo general cuando el Señor nos comisiona un privilegio, experimentamos un gran gozo en nuestro corazón y nos dirigimos con toda pasión y diligencia a hacer lo que Dios nos ha encomendado. En otras ocasiones nuestra respuesta es cómo la del profeta Jonás: huir. ¿Por qué a veces nuestra respuesta es huir al llamado divino? Por varias razones, veamos algunas ejemplo:

a) La palabra que oímos de Dios no es agradable para nosotros.
b) Lo que Dios nos entrega no responde a nuestras expectativas.
c) Los resentimientos y complejos del corazón se levantan e impiden avanzar.
d) Los miedos a los resultados o desafíos que aparecerán en el camino.
e) Los fracasos del pasado hacen pensar que será un fracaso más.

Es muy interesante ver que el versículo tres nos dice: “pagando su pasaje”, el viaje era largo y por tanto costoso, y esto nos recuerda el alto costo que tenemos que pagar cuando no hacemos la voluntad del Señor, y aun quienes nos rodean sufren algunas pérdidas (como les ocurrió a los marineros que iban con Jonás).

El propósito del profeta Jonás era “irse lejos de la presencia de Jehová”, él conocía la teología hebrea muy bien, sabía que Dios era omnipresente, que estaba en todo lugar. Sin embargo, creyó que podía huir de Dios. Que le ocurrió? Creo que lo mismo que sigue pasando hoy: sabemos muchas cosas de Dios, pero nuestro ego y dureza de corazón, terminan siendo más fuertes y hacemos nuestra propia voluntad, experimentando las correspondientes consecuencias.

Conclusión: El testimonio de Jonás nos recuerda que una vez Dios habla, nuestra respuesta, sin duda alguna, debe ser obedecer. Él va delante de nosotros y proveerá lo necesario. Recordemos que nuestra obediencia es nuestra mejor adoración. Cuando obedecemos a Dios, él es glorificado, otros son salvados y nosotros somos bendecidos.

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