domingo, 19 de julio de 2015

Cuidemos lo que Dios nos da
Introducción: Cuando somos chicos generalmente no cuidamos las cosas, no somos conscientes de conceptos como la responsabilidad, de manera que no cuidamos los regalos, ni los artículos que son de gran utilidad. Pero, cuando somos adultos y nos toca comprar las cosas, entonces allí sí velamos por ellas. Dios también espera de nosotros madurez para entregarnos cosas mayores…     


CUIDEMOS LO QUE DIOS NOS DA  

Texto: Génesis 25:27-34.

1) Amemos lo que Dios ama.

Nota: Esaú y Jacob, hermanos gemelos, crecieron en el mismo hogar y con los mismos padres, pero con perspectivas y análisis muy diferentes respecto a las bendiciones y privilegios celestiales. El pasaje de hoy nos dice que Esaú vendió su primogenitura por un pan y un guisado de lentejas, al reflexionar detalladamente en algunas palabras y frases, podemos identificar la indiferencia en el corazón de Esaú por los favores y honores de Dios, lo vemos por ejemplo cuando dice (vrs. 32 y 34):

a)  “¿para qué me servirá la primogenitura?”
b)  “comió, bebió, se levantó y se fue”

Vemos pues que Esaú rechazó lo que Dios planeaba entregarle. Que gran diferencia podemos ver entre lo que es valioso para un hombre (Esaú) y lo que es valioso para el Señor. Lo que Dios miraba con alto valor, Esaú dijo: “eso para que”. Valoremos lo que Dios nos da, lo que él nos encomienda (una familia, unos hijos, ésta salvación tan grande, dones para servirle, etc). Te invitamos a leer: “La profecía bíblica”.       

2) Menospreciar los privilegios de Dios es detener las bendiciones para la familia.

Nota: Es necesario reflexionar y considerar ahora lo que significaba en ése momento heredar la primogenitura: el primogénito heredaba el doble, se convertía en el líder de toda la familia o clan, y recibía el privilegio “sacerdotal” ante el Señor por toda la familia (es decir él presentaría los sacrificios, ofrendas y oraciones a Jehová su Dios). Dios quería usarlo como instrumento para bendición de toda esa descendencia. Nuestra obediencia a Dios termina siendo de gran bendición para nuestra familia.       


3) Ningún valor terrenal puede compararse con lo que Dios tiene para ti.

Nota 1: El pan y el guisado de las lentejas representan aquellos “valores terrenales” que en determinado momento consideramos son de mayor valor y estima que los privilegios y oficios celestiales. En el Nuevo Testamento a Esaú se le llama profano: Hebreos 12:16. El término hebreo usado aquí para profanar traduce también: irreverencia, pisotear, vulgar. Vemos entonces que Esaú no valoró con temor de Dios lo que el Señor estaba entregando en sus manos.

Nota 2: El versículo 30 de Génesis 25, nos dice que lo llamarón Edom, término que significa primeramente: rojo. También significa terrenal, sangriento, recordemos que él era un cazador y más tarde quería matar a su hermano, por lo cual Jacob tuvo que huir, luego ambos se perdonaron. Nos recuerda a Caín el que mató a su hermano Abel (hablamos de odio, rencor, venganza, violencia). Actitudes de la naturaleza caída que nos hacen perder las bendiciones del cielo.   

4) El cansancio y el desánimo afectan el discernimiento (Génesis 25:29). 

Nota: “Esaú venía del campo cansado”, estaba fatigado, agotado, sin fuerzas, lo que en realidad lo hizo vulnerable (es muy importante cuidar nuestra fortaleza en Dios). Recordemos aquí que cuando Jesús estaba en el desierto en el ayuno, al final “sintió hambre” dice la Biblia, y vino el tentador procurando encontrar una debilidad en el Señor Jesús y le dijo: “convierte estas piedras en pan”, pero Jesús venció pues su fortaleza y alimento siempre fue hacer la voluntad del Padre celestial. Por eso es tan importante nuestra vida de comunión con Dios, pues allí el Señor nos habla y fortalece para perseverar en Sus caminos.   

5) Sólo debemos dar la espalda al pecado.

Nota: La frase “así menospreció Esaú la primogenitura” nos hace ver su falta de discernimiento y por tanto su gran equivocación. Sin embargo debemos reflexionar en nosotros, a veces descuidamos, cambiamos o negociamos las bendiciones y privilegios que el Señor nos ha dado, como por ejemplo: la comunión con él, nuestro matrimonio y familia, el ministerio y servicio al Señor, el trabajo honesto y otros, por cosas cuyo valor es engañoso, temporal y corruptible. Cosas que al final producen vacío, frustración, dolor, alejamiento de Dios, entre otros.              

Conclusión: El Señor ha planeado para todos sus hijos grandes planes y bendiciones, por tanto, debemos valorar cada momento de nuestra vida, cada obra y regalo de Dios, y siempre procurar seguir Su consejo, él nos lleva al mejor destino.

(Escrito por pastor Gonzalo Sanabria)

Te invitamos a leer: “DIOS CAMBIA LA AMARGURA EN BENDICIÓN”.  

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