sábado, 26 de noviembre de 2016

Hay algo maravilloso que vemos en Moisés y es que durante los 40 años de caminar por el desierto hacia la tierra prometida, nunca pensó en regresar a Egipto, él nunca dijo: “volvámonos a la esclavitud, pues éste peregrinar por el desierto es muy difícil”; en los momentos más críticos lo que hizo fue buscar al Señor y esa fue su fortaleza, Moisés era un hombre de adoración, un apasionado por la presencia divina. También podemos ver que cuando el apóstol Pablo se encontraba preso en la cárcel de Filipos con Silas, según el libro de los Hechos 16:25, lo que hicieron fue adorar al Señor, no murmuraron, ni se quejaron y tampoco pensaron en volver atrás. Ellos siguieron adelante con la fuerza del Todopoderoso...  
No renuncies al plan de Dios
Filipenses 3:13-14 “Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús”
Las dificultades y los obstáculos son parte de nuestro camino. Ante estos hay diversas reacciones, podemos enfrentarlos, negarlos, o huir de ellos, entre otros. Se requiere entonces una profunda decisión de no retroceder, si queremos alcanzar algo importante y significativo, pues las cosas sin valor no requieren esfuerzo ni perseverancia, tampoco presentan dificultades. Podemos encontrarnos con personas que tienen maravillosos talentos pero no logran metas significativas, pues les falta perseverancia. Y por eso vemos también el contraste, es decir a otros cuya constancia los ha llevado a grandes victorias. 
Según Filipenses 3, el apóstol Pablo perseveró a pesar de las dificultades. Debemos tener presente que el apóstol escribe ésta carta a los creyentes en Filipos desde la cárcel. Es un creyente que ha vivido naufragios, fue traicionado, también abandonado, apedreado, en peligro muchas veces, fue menospreciado por judíos y discípulos, entre otras cosas; pero no abandonó los caminos de Dios ni su servicio al Señor. Su decisión de perseverar hasta el fin fue segura y firme, y lo manifiesta diciendo: “Prosigo a la meta” y así fue, fiel a Dios perseveró hasta el fin de su vida en esta tierra. No renunciares al plan de Dios para tu vida, el Señor es tu ayuda. 
Debemos destacar la expresión: “olvidando lo que queda atrás”, esto es un ejercicio de la mente, pero muchas veces se recuerda con frecuencia lo que ha quedado atrás en el pasado y que hoy no sirve, como heridas y ofensas, desordenes de la vida antigua, relaciones de noviazgo del pasado o anhelos del corazón que sabemos no hacen bien (los recuerdos del pasado más bien deben ser un testimonio para la gloria de Jesucristo quien los ha librado).
Podemos considerar como ejemplo a Israel que camino por el desierto hacia la tierra prometida, y expresó: “Nos acordamos del pescado que comíamos en Egipto de balde, de los pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y los ajos; y ahora nuestra alma se seca; pues nada sino este maná ven nuestros ojos ¿No nos sería mejor volvernos a Egipto? Y decían el uno al otro: Designemos un capitán, y volvámonos a Egipto”. 
Eran deseos, recuerdos y anhelos del alma que expresaban su deseo de volver a Egipto, aunque era el Señor mismo quien los protegía, guiaba y quien los había sacado con maravillas de la esclavitud egipcia. Nada les faltaba por el desierto, pero el corazón no rendido a Dios se queja por todo. 



La Biblia nos enseña que la perseverancia es requerida en el Reino de Dios, Lucas 9:62 “Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios”. Según la historia nos enseña el arado era llevado por una yunta de bueyes (dos bueyes unidos por un yugo de madera sobre sus cuellos) y el labrador ponía una mano en el arado y en la otra llevaba la vara para empujar e impulsar a los bueyes, mirando siempre al frente y así evitar que el surco quedara mal. El arado representa un caminar recto, de servicio a Dios, mirando al frente, es un seguir a Jesucristo con los ojos en él (haciendo caso omiso de las fuentes de distracción y perseverando ante los obstáculos propios del caminar de fe).
Conclusión: Seguir a nuestro Señor Jesús y ser un discípulo suyo, significa esfuerzo y perseverancia, pues los obstáculos y la oposición son parte de ese caminar. Pero, gracias a Dios, pues él nos ha prometido estar con cada uno todos los días y multiplicar nuestras fuerzas. Adelante, recuerda que las aflicciones presentes, no son comparables con la gloria venidera. Dios está de tu lado. 
Escrito por Pastor Gonzalo Sanabria. 

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