lunes, 12 de septiembre de 2016

Génesis 33:4 “Pero Esaú corrió al encuentro de su hermano Jacob y le abrazó, y se echó sobre su cuello, y le besó; y lloraron”.

La Biblia nos enseña que Jacob había escapado de su tierra natal ya que su hermano Esaú planeaba matarlo, porque éste había tomado su lugar y recibió de su padre Isaac la bendición de la primogenitura. Habían ya transcurrido unos veinte años aproximadamente y durante todo ese tiempo él no vio a sus padres, y estuvo lejos de sus familiares y amigos, la amistad con su hermano se había perdido.

Dios lo dirigió y con su propia familia vuelve de regreso a su tierra natal, sin embargo su corazón está lleno de temor (entonces por veinte años luchó contra su temor cuando pensaba en su familia y en volver a su tierra). La Biblia nos dice que su hermano Esaú viene a su encuentro, con 400 hombres, y el temor de Jacob lo lleva a desarrollar una estrategia para salvarse, y por eso envía a su familia delante de él con diversos regalos para menguar la ira de su hermano Esaú.  

Es muy interesante ver que la reacción de Esaú no fue de venganza, ni rencorosa, él salió corriendo a abrazar a su hermano Jacob ¿Cuántas veces el temor nos hace imaginar momento de dolor y trágicos, o nos lleva a organizar planes innecesarios y vergonzosos?

La Biblia nos dice que “los dos lloraron”, aquellas lágrimas expresan el resultado de una labor divina en sus corazones, el Señor había trabajado con Jacob (ya que a pesar de sus miedos, había regresado) y con Esaú (quien ya no tenía en mente matar a su hermano). Perdonar es sanar.

Entonces podemos concluir que hay circunstancias de nuestro pasado que por estar ligadas al dolor no queremos recordar o tener que enfrentar nuevamente, es aquí donde el Sanador, Jesucristo nuestro Señor, manifiesta su amor y poder, conduciendo al ser humano al verdadero perdón.

Cuando aplicamos el perdón a los demás y pedimos perdón a quien hemos ofendido, nuestro corazón experimenta la sanidad y la liberación (aquí es importante recordar que la palabra griega para perdonar “apolúo” significa además: poner en libertad, soltar).

Debemos guardar nuestro corazón. Cuando el árbol de la amargura logra penetrarlo con sus raíces, éstas consumen la vida, fuerza y gozo de la persona. La vida se torna caótica, difícil, oscura, triste, y lamentablemente éste árbol comienza a exhibir sus amargos frutos, transmitiendo (con su estilo de vida y sus palabras) su mortal semilla en otros corazones multiplicando a sí el dolor.

La Biblia nos enseña que el perdón no sólo trae sanidad y libertad, sino que nos permite crecer y permanecer firmes en ésta salvación tan grande, pues el Señor Jesús dijo: “perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas. Porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará”. Perdonar es una cuestión vital.


Conclusión: Generalmente el ejercicio del perdón va acompañado de un grado de dificultad, precisamente por el dolor causado, pero el Señor está con nosotros para ayudarnos en ésta decisión y en éste estilo de vida, al que somos llamados para bendición de todos. Dios es bueno y nos ayuda.

Escrito por Pastor Gonzalo Sanabria para Web Recursos cristianos. Autorizado para ser publicado en Mensajes y sermones para predicar  - Perdonar es sanar -  

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