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viernes, 28 de diciembre de 2018
viernes, 29 de abril de 2016
Dios es propicio para cada tiempo de nuestra vida. Dios fue el proveedor de Israel en el desierto, y aunque era un lugar difícil, Dios nunca faltó con Su provisión y protección, siempre suplió las diversas necesidades de Israel en éste complicado lugar. Ahora Josué e Israel, deben iniciar la conquista de la tierra prometida, lo que implica batalla con los ejércitos cananeos, es pues un nuevo tiempo de avanzada y guerra...
“Estando Josué cerca de Jericó, alzó sus ojos y vio un varón que estaba delante de él, el cual tenía una espada desenvainada en su mano... Entonces Josué, postrándose… le adoró… Y el Príncipe del ejército de Jehová respondió a Josué: Quita el calzado de tus pies, porque el lugar donde estás es santo. Y Josué así lo hizo”, Josué 5:13-15.
Josué tiene un encuentro con el Señor precisamente antes de las batallas en Canaán. El Señor se manifiesta como Príncipe del ejército de Dios para las batallas que ahora enfrentarían. Una vez más Dios se revela de acuerdo al momento por el que atravesamos, él viene a equiparnos y animarnos para enfrentar los nuevos desafíos.
Josué e Israel deben pasar por una transición, del Dios proveedor en el desierto al Dios de los ejércitos; de estar en la posición de recibir la provisión de Dios a batallar y conquistar la tierra prometida. De igual manera el creyente debe transicionar de sólo esperar la provisión a conquistar los nuevos desafíos que Dios pone por delante.
Nuestro Dios es además guerrero, nunca ha perdido ninguna batalla, requiere de su ejército obediencia, sensibilidad a Su voz, firmeza ante el enemigo y santidad, por eso se manifiesta así a Josué: con una espada desenvainada, como Príncipe (del hebreo "sar" que significa: jefe, capitán, general, cabeza) del ejército de Dios.
El ángel le ordena quitar su calzado, pues era santo el lugar donde estaba, y surge la pregunta ¿dónde estaba? En tierra cananea, tierra pagana, idolátrica, pero la presencia de Dios allí la santificaba. No es el resplandor de la decoración, ni el brillo de la fantasía, ni la arquitectura religiosa lo que hace santo un lugar, sino la manifestación gloriosa de la presencia de Dios allí.
El señor le ordena a Josué “Quita el calzado de tus pies”, el calzado es figura de nuestro andar. Recordemos que Jesús lavó los pies a sus discípulos. Aunque seguimos a Jesús, a veces nuestros pies se ensucian en éste peregrinar terrenal, y debemos ir al Señor para que éstos sean limpiados por Su sangre, y ejercitarnos en el Espíritu y en Su Palabra para andar por el camino de la santidad.
Ahora, el Señor se manifiesta así (“Príncipe del ejercito de Jehová”) a Josué animándole a seguir adelante, pues Su presencia estaría con él, aunque ya no estaba Moisés, Dios seguía allí, cuando Israel estuviera en batalla aquí en la tierra, desde el cielo los ejércitos angelicales estarían a su favor, y aunque Israel vería a Josué dirigiendo, en realidad su capitán sería Jesucristo nuestro Señor, y así los ejércitos cananeos no prevalecerían contra el pueblo de Dios.
Reflexión final: La Escritura nos dice que Dios nos lleva de gloria en gloria, él conduce nuestra vida hacia lo nuevo, él ha estado con nosotros y seguirá ayudándonos, su provisión y protección no nos ha faltado, ni nos faltará, él nos conduce hacia Su voluntad… no desmayes, fortalécete en Su palabra, porque fiel es el que prometió.
Te invitamos a leer: "UN MENSAJE TRANSFORMADOR".
Escrito por Pastor Gonzalo Sanabria
para Estudios y sermones. Autorizado para ser publicado simultáneamente en Mensajes y sermones para predicar y Web Recursos Cristianos.
miércoles, 6 de abril de 2016
Ahora Israel experimentaría algo nuevo, pues hasta el momento Dios mismo es quien ha peleado por ellos y ha derrotado a sus enemigos, por tanto ellos no han tenido que usar armas, ni batallar físicamente. Pero en ésta ocasión Israel debe enfrentar la guerra contra Amalec y su ejército, y es Josué el designado para liderar el ejército de Israel (Algunas de nuestras batallas las libra Dios directamente a nuestro favor, pero otras las debemos encarar nosotros, por supuesto con Su ayuda, y cuando así lo hacemos la victoria es segura)...
“E hizo Josué como le dijo Moisés, peleando contra Amalec; y Moisés y Aarón y Hur subieron a la cumbre del collado. Y sucedía que cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía; más cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec” Éxodo 17:10-11.
Debemos ver las dificultades como oportunidades para ver la gloria del Señor y para crecer como soldados del ejército de Dios. Israel debía prepararse y adiestrarse para la guerra, pues la tierra de Canaán les exigiría enfrentar múltiples batallas, era pues éste momento una oportunidad diseñada por Dios para formar, adiestrar y equipar a su pueblo, ya que adelante había muchas cosas por conquistar.
Es interesante que el libro de Deuteronomio 25:17-18, nos dice que Amalec atacó por detrás: “te desbarató la retaguardia de los débiles… cuando tú estabas cansado y trabajado”, cuál león que está de cacería, el enemigo procura atacar a los débiles y cansados, por eso el hijo de Dios debe renovar sus fuerzas en el Señor continuamente, mediante la oración y “velando en ello con toda perseverancia”, en Dios está nuestra fuerza, él es nuestro escondedero y refugio.
Josué con su ejército se dirige al valle para pelear, y Moisés a la cumbre del monte para orar. Cada uno de acuerdo a lo impartido por Dios ejerce con autoridad y esfuerzo los dones recibidos. Josué el hombre de batalla y acción, y Moisés el hombre de la revelación y la oración, ambos fundamentales y figura del equilibrio que Dios requiere de sus conquistadores: oración y acción.
Moisés en la cumbre y Josué en el valle, también nos habla del orden divino: primero lo espiritual, primero el cielo y después lo natural, lo material. El cielo quiere dirigir las conquistas en la tierra, lamentablemente iniciamos muchas cosas en nuestras propias fuerzas, sin dirección divina y por eso los penosos fracasos.
Cuando las manos de Moisés estaban arriba, Israel prevalecía, y lo contrario ocurría cuando las bajaba. Creo que con frecuencia nuestras manos se han cansado, y en otros casos como en el boxeo “se ha tirado la toalla”, como seres humanos es natural que a veces la fatiga aparezca, pero nuestra respuesta no debe ser la renuncia, o abandonar los sueños o visión que Dios ha impartido a nuestro corazón, sino apoyarse en otro y continuar. Fue lo que hizo Moisés, Aarón y Hur lo ayudaron, sostuvieron sus manos, hasta alcanzar la victoria sobre Amalec.
Reflexión final: Todos enfrentamos diferentes batallas y algunas son más fuertes que otras, pero Dios es el mismo, y por él y en él “somos más que vencedores”, somos sus hijos, por eso en nuestra genética esta la victoria. No renuncies a tus sueños, ni a tu llamado, ni a tu oración, ni a tu matrimonio, persevera, la victoria está cerca.
Te invitamos a leer: "LA RESTAURACIÓN DE UNA VIDA".
Escrito por Pastor Gonzalo Sanabria para Estudios y sermones. Autorizado para ser publicado simultáneamente en Mensajes y sermones para predicar y Web Recursos Cristianos.
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